En este video estudiaremos el musculo braquial anterior.
Este músculo es el flexor principal del antebrazo en la articulación del codo.
Se encuentra en el compartimento anterior del brazo, profundo al bíceps braquial.
Vamos a ver lo que significa braquial:
La palabra “braquial” viene del latín brachialis y significa “relativo al brazo”. Sus componentes léxicos son: brachium (brazo), más el sufijo -al (relativo a).
En cuanto a la palabra ANTERIOR, ya hemos visto que se refiere a la parte de delante.
Por tanto, el braquial anterior es un musculo relativo al brazo y que está situado, delante.
Ya hemos visto que se encuentra por debajo del bíceps braquial y actúa cómo sinergista de éste. Es un musculo ancho y plano. Puede tener gran desarrollo, junto con el bíceps.
El braquial anterior Se origina en la cara anterior del humero, en los dos tercios superiores de la cresta supracondílea del humero, y se inserta en la base de la cara anterior de la apófisis coronoides del cubito y en la tuberosidad del cubito.
Como veis solo cruza una articulación, la del codo.
Su función ya hemos visto que es flexor directo del codo.
Esta inervado por el nervio musculocutáneo que tiene su origen en los ramos anteriores de C5 y C6.
Este ejercicio es considerado uno de los más específicos para el braquial anterior:
Este ejercicio trabaja el bíceps braquial, pero también activa el braquial anterior:
Este ejercicio es efectivo para trabajar el braquial anterior:
Aunque principalmente enfocado en el bíceps, este ejercicio también involucra al braquial anterior:
Consideraciones adicionales
Para un entrenamiento efectivo, combina estos ejercicios en tu rutina, prestando atención a la técnica y la progresión gradual del peso y las repeticiones.
A diferencia del ampliamente reconocido bíceps braquial, el músculo braquial es realmente el principal motor de la flexión del codo. Su considerable área de sección transversal le confiere mayor potencia, pudiendo generar hasta un 50% más de fuerza que el bíceps braquial durante la flexión del codo5. Esta capacidad lo convierte en un elemento crítico para actividades cotidianas y deportivas que requieren fuerza en la flexión del brazo.
Una característica distintiva del braquial es que, a diferencia del bíceps, no se inserta en el radio, por lo que no participa en los movimientos de pronación y supinación del antebrazo5. Esta especificidad funcional es relevante tanto para la evaluación clínica como para la rehabilitación dirigida.
Investigaciones recientes han revelado que el tendón distal del músculo braquial está formado por dos componentes tendionosos distintos pertenecientes a la cabeza superficial y la cabeza profunda del músculo2. Esta configuración anatómica dual tiene importantes implicaciones diagnósticas y terapéuticas, ya que las lesiones pueden afectar selectivamente a uno de los componentes o a ambos.
Las lesiones del músculo braquial incluyen avulsiones con desprendimiento óseo (generalmente involucrando la cabeza profunda), dolor muscular de aparición tardía, y desprendimientos tendinosos sin avulsión ósea que pueden afectar a uno o ambos tendones2. El reconocimiento preciso de estas lesiones específicas puede modificar significativamente el manejo clínico del paciente, determinando si se requiere intervención quirúrgica o un enfoque conservador.
El músculo braquial no solo es responsable de la flexión activa del codo, sino también de mantener la articulación en posición flexionada1. Esta función estabilizadora es crucial en numerosas actividades funcionales y puede verse comprometida en casos de lesión o debilidad.
El diagnóstico preciso de las patologías del músculo braquial requiere una combinación de evaluación clínica y técnicas de imagen avanzadas que permitan visualizar tanto su estructura como su función.
Para una evaluación clínica específica del músculo braquial, se puede realizar una prueba de resistencia con el antebrazo en pronación (palma hacia abajo)5. Esta posición coloca al bíceps braquial en desventaja mecánica, permitiendo evaluar preferentemente la función del músculo braquial durante la flexión resistida del codo.
El ultrasonido ha demostrado ser particularmente efectivo para la evaluación del músculo braquial. Un estudio comparativo entre ultrasonido y resonancia magnética reveló que el ultrasonido puede diferenciar entre los dos componentes tendinosos distintos del músculo braquial en el 100% de los casos, superando a la resonancia magnética que logró esta diferenciación en el 83% de los casos evaluados2.
La exploración ecográfica del tendón distal del braquial debe realizarse con el paciente sentado frente al examinador, con el codo apoyado sobre la mesa de exploración. El examen se realiza en planos axiales, moviendo el transductor hacia arriba y hacia abajo, y en planos longitudinales, siguiendo el tendón desde su origen hasta la inserción en la tuberosidad ulnar2. Es fundamental utilizar técnicas como la anisotropía (cambio en la ecogenicidad del tendón debido a cambios en la inclinación del haz de ultrasonido) y los movimientos de pronosupinación para identificar los dos componentes tendinosos separados.
Aunque menos precisa que el ultrasonido para diferenciar los componentes tendinosos del braquial según algunos estudios2, la resonancia magnética sigue siendo una herramienta valiosa, especialmente para evaluar lesiones musculares profundas, edema, y cambios inflamatorios que pueden no ser evidentes en otras modalidades de imagen.
Para optimizar la visualización del músculo braquial y sus tendones, los protocolos de resonancia magnética deben incluir secuencias específicas en múltiples planos, con particular atención a la región de inserción en el proceso coronoide de la ulna2. La correlación entre hallazgos de ultrasonido y resonancia magnética puede proporcionar una información diagnóstica más completa.
El músculo braquial representa mucho más que un simple flexor accesorio del codo; es el principal motor de esta articulación con características anatómicas y funcionales únicas que determinan su importancia clínica. Su estructura dual tendinosa y su potencia superior al bíceps braquial lo convierten en un componente crítico para la función del miembro superior.
Las pruebas diagnósticas de precisión, particularmente el ultrasonido, han revolucionado nuestra capacidad para evaluar y tratar las patologías del músculo braquial. La capacidad de diferenciar entre lesiones de sus componentes tendinosos permite un abordaje terapéutico personalizado que puede modificar significativamente el pronóstico funcional.
La integración de estos conocimientos anatómicos avanzados y técnicas diagnósticas precisas en la práctica clínica cotidiana permitirá un manejo más efectivo de las patologías del músculo braquial, optimizando la recuperación funcional y previniendo complicaciones a largo plazo.
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